En Comunicación

Con el inicio de la tercera década del siglo, las empresas afrontan un doble reto en su camino hacia la contribución que hagan a favor de la salud medioambiental del planeta. Por un lado, sus esfuerzos sostenibles van de la mano de la hoja de ruta marcada por Naciones Unidas en las medidas que contienen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por otro, el reto de la reconstrucción en el contexto de la pandemia de la covid-19, con el foco verde y digital como principales bazas sectoriales y corporativas.

Son muchas las mercantiles que desde hace años practican, desde la RSE y la RSC, acciones, medidas, compensaciones y decisiones alineadas con dichos polos estratégicos en clave medioambiental y sostenible. Pero, ¿están comunicando a la sociedad y a sus stakeholders de forma adecuada esos avances? Y, si no lo están haciendo, ¿cómo podrían comunicar los esfuerzos sostenibles, el retorno que favorecen y las mejoras corporativas o sociales que reportan?

De ahí que sea importante que los esfuerzos sostenbiles y corporativos de las mercantiles aparejen apuestas por la comunicación en paralelo. Desde el punto de vista interno, aprovechar los medios propios de la compañía para canalizar los mensajes en clave corporativa a empleados, proveedores, clientes y actores del sector; pero también para favorecer la empatía con todos ellos a través, por ejemplo, de herramientas de gamificación o de presencia protagonista en el día a día de las acciones sostenibles de la firma.

En clave externa, y a través de las relaciones públicas de calidad, la comunicación ha de estar pautada a partir de los objetivos estratégicos de la mercantil, sus acciones de RSE y RSC y las oportunidades transversales que practique con otras compañías a favor de la salud medioambiental. Así, la inversión y la relación con medios de comunicación generalistas y con los verticales sectoriales receptivos a conocer las apuestas de las empresas por la sostenibilidad, podrán ser guía para proyectar ejemplo en forma de titulares positivos la hoja de ruta empresarial hacia el Horizonte 2030.

Educación ambiental

Por último, otra de las singularidades que pueden hacer más creíble el esfuerzo medioambiental de las empresas puede recaer en la educación ambiental. En este capítulo, si las instituciones, las empresas públicas o entidades como los SCRAP apuestan por la formación ciudadana en clave ambiental, ¿por qué habrían de renunciar las marcas y las empresas a incluir en sus estrategias de comunicación el aspecto formativo como valor añadido que brindar a sus stakeholders?

En esta materia, agencias que aglutinan conocimiento técnico en materia sostenible y ambiental con la capacidad educativa de profesionales contrastados, tienen mucho que ofrecer al ámbito privado. Es, precisamente, por esta línea por donde discurre el Instituto Mediterráneo para el Desarrollo Sostenible, Imedes, en su afán por acercar la sostenibilidad estratégica a las empresas.

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