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La sostenibilidad estratégica no es greenwashing. Sostenibilidad y estrategia son dos conceptos que, unidos, ganan todo el sentido porque provocan en las instituciones y las empresas de todo tipo y dimensión la decisión de trazar un camino a partir de un punto inicial con unos objetivos realistas y perfectamente definidos que, en definitiva, hacen posible la coincidencia del interés público con el privado. Objetivos públicos y privados que cuando coinciden generan un fantástico círculo virtuoso que suele ser beneficioso para la sociedad en su conjunto.

 

Por lo tanto, la gestión de la sostenibilidad estratégica nada tiene que ver con campañas de imagen para vender ‘cabras verdes’ con ningún retorno para la sociedad ni para la propia empresa más allá del beneficio que supone para algunas agencias y medios de comunicación, cuyas cuentas de resultados se ven reforzadas a través de la difusión de este tipo de contenidos vacíos e intrascendentes. Tiene que ver con la gestión de la sostenibilidad como una estrategia transversal al resto de objetivos estratégicos de la empresa o institución, una gestión medible en términos financieros y de reputación.

 

En este sentido, cabe preguntarse: ¿Qué empresa o institución no quiere potenciar su compromiso con la sostenibilidad? ¿Y en ese caso, por qué no ha dado los pasos para marcarse objetivos e iniciar el camino? Toda corporación o administración pública tiene a su alcance, sea cual sea su dimensión o sector, la capacidad de hacer su propia foto fija de su compromiso con el medio ambiente a partir de una serie de indicadores y marcar una serie de procesos para emprender un camino que no tiene fin.

 

La diferencia entre empresas e instituciones del siglo XXI: el compromiso con la sostenibilidad

La mejora en la eficiencia energética de sus instalaciones, el cálculo de la huella de carbono de su flota de vehículos o el fomento de buenas prácticas medioambientales de su plantilla, entre otras cuestiones, marcan la diferencia entre las empresas o instituciones que se toman en serio la sostenibilidad y la incorporan a sus objetivos estratégicos de forma transversal de aquellas otras que venden humo sin nada detrás. A esas otras maniobras de distracción que mencionaba al final del primer párrafo de este post en ningún caso se le pueden tildar de estratégicas.

 

La necesaria alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la creciente apuesta por el diseño y ejecución de memorias de sostenibilidad que se convierten en una redefinición de la clásica Responsabilidad Social Corporativa, la mayor sensibilidad de los actores públicos en la lucha contra el cambio climático y todo lo que ha supuesto la aparición de la pandemia del coronavirus, ponen la sostenibilidad estratégica en primera línea de las agendas públicas y privadas de instituciones y empresas que necesitan resituarse en el tablero y prepararse para enfrentarse con las mayores garantías de éxito a los retos de presente y futuro.

 

Para finalizar, aquellas empresas e instituciones interesadas en iniciar, renovar o ampliar su compromiso con el medio ambiente a que se informen, deberían consultar con profesionales especializados con experiencia y trayectoria en gestión de la sostenibilidad estratégica para iniciar un camino que les va a dar muchas alegrías. Porque al final la coincidencia del interés público con el privado es trascendente, gratificante, sostenible económica y socialmente y nos introduce a toda la sociedad en ese círculo virtuoso que plantea marcos conceptuales a través de los cuales la sociedad puede plantear nuevos retos siempre en beneficio común. Aún llegamos a tiempo.

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